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Patrimonio natural

Bosques de ribera que se mezclan en armonía con los aprovechamientos humanos tradicionales (praderías, huertas, etc). Encinares y alcornocales en los que se sigue beneficiando el corcho. Bosques atlánticos en las cabeceras de los ríos y arroyos, formados por robledales y acebales mágicos. Lleras y penedos que conforman un paisaje único. Estos magníficos enclaves acogen pueblos que aún conservan mitos, leyendas y costumbres más cercanos a la tierra.

Siempre el árbol, presente en todos los paisajes, enraizado en la cultura popular, sombra y orientación para el caminante o presidiendo las plazas y lugares de culto. Los grandes árboles, símbolos asociados a la inmortalidad, testigos de otros tiempos.
Perviven castaños monumentales, aquellos que otrora alimentaron a personas y bestias. Ejemplos como el Mirandelo, en Pobladura, el Campano, en Villar de Acero, considerado como el mayor de España.
Los bosques de Barantés y A Morteira, que esconden, cobijan y protegen grandes ejemplares de tejos, pradairos y robles, refugios de la fauna de la Cordillera Cantábrica. Aquí se arrincona el oso pardo, urogallo, pito negro, lobo...

 

 



En este relato de paisajes verdes no podemos olvidar el arbolado urbano,
que por su significación y belleza merece especial atención. El extraordinario Ciprés del Convento de la Anunciada -felizmente en vías de recuperación-, la sorprendente vitalidad de la centenaria Glicina de la antigua alcoholera, hoy restaurante "Viña Femita", y el jardín versallesco de la Alameda, son verdaderos monumentos naturales que han acompañado a los habitantes de Villafranca y del municipio durante varias generaciones.

 

 

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